Historia de los cosméticos
La historia de los cosméticos ha englobado diferentes épocas y escenarios. En los pueblos primitivos los cosméticos tenían un carácter mágico. Los cosméticos en China y la India antiguamente iban asociados a las prácticas religiosas. En Egipto, a la medicina. En Grecia y Roma alcanzaron gran desarrollo. Actualmente, la cosmética se ha constituido en una verdadera industria en la que participan la química, la biología, la farmacia y la medicina…
En la historia de los cosméticos, ya en tiempos prehistóricos los primeros humanos utilizaron plantas, animales o minerales cómo elementos de cosmética. Minerales rojos mezclados con grasa animal, que utilizaban para proteger el cuerpo de los rayos del sol, es decir el primer protector solar.
En la historia de los cosméticos, el uso de estos y el maquillaje ha existido desde tiempos remotos.
Es así que China no fue una excepción, desde el siglo III a. C. las mujeres usaban cosméticos y maquillaje de tipo artesanal hecho a base de productos naturales.
La cultura china, buscaba empalidecer las pieles dado que la tez blanca era asociada al poder y a las altas clases sociales, así como otorgaba una imagen de fragilidad a la mujer.
Siempre se ha considerado bella a la mujer de proporción pequeña, con piel pálida, cutis delicada y bien cuidada, dientes blancos y ojos luminosos.
Durante la historia de la China Imperial, los cosméticos adoptaron diferentes características según las distintas dinastías que hubo, pero manteniendo su esencia.
En la antigua China se seguían siete pasos para el maquillaje de las beldades:
El maquillaje de los labios tiene una larga historia y ha tomado distintos caminos en diferentes períodos.
Se creía que en sus orígenes el maquillaje de labios se practicaba para complacer a los dioses en celebraciones religiosas. A medida que pasó el tiempo, la gente se dio cuenta que el maquillaje podía darle vida al espíritu y revelar el estatus social.
A consecuencia de esto, diferentes materiales para los productos de belleza de labios eran probados constantemente, y empleados para lograr unos labios rojos y brillantes, creando el arte chino del maquillaje de labios.
Los productos para la belleza de labios en la antigua China eran llamados comúnmente “bálsamos labiales” o “bálsamo de la boca”. Así lo registra el diccionario chino Shiming (o : Explicación de nombres) escrito por Liu Xi durante la Dinastía Han del Este (d.C.25—d.C.220).
El bálsamo labial más primitivo no era como la barra labial que conocemos ahora, sino que era una pasta con su contenedor individual. Luego de las Dinastías Sui (d.C. 589 – d.C. 618) y Tang, algunos bálsamos labiales eran producidos como sustancias sólidas de forma tubular. Al ser más práctico, este nuevo tipo de labial ganó popularidad muy rápidamente. La producción de bálsamo labial no tuvo grandes innovaciones sólo hasta los tiempos modernos.
El bálsamo labial en la antigua China también tenía una fantástica fragancia. En la Dinastía del Norte (d.C. 386 – d.C 581) se agregaron materias primas como el ageratum y el clavo de olor. En la Dinastía Tang se incluyeron sabores artificiales en los bálsamos labiales.
Las culturas asiáticas aportaron el concepto de maquillaje recargado y rígido. En Japón, se destaca el maquillaje de las geishas. Muy blanco cubriendo todo el rostro y parte superior del torso con el detalle de no alcanzar la línea del cabello a modo de máscara. Los ojos y cejas bien remarcados en negro y labios rojos en forma de corazón.
En China el maquillaje era similar al japonés. Rostros pálidos o blancos, contorno de ojos potenciados con tinta china, cejas oscuras muy marcadas y ascendentes y labios rojos
En la historia de los cosméticos en India, los propios cosméticos y el maquillaje que preferían las mujeres eran bastante simples: ojos remarcados en negro y labios levemente rojizos.
En la historia de los cosméticos, el uso de productos no es una costumbre actual sino que ya los antiguos egipcios eran grandes amantes de la estética y la belleza por lo que utilizaban toda clase de objetos relacionados con estos menesteres, los cuales se han encontrado dentro de los ajuares funerarios de las tumbas.
Los egipcios poseían un verdadero dominio de la cosmética. De esta manera, los pigmentos naturales y los productos sintetizados se mezclaban con aglutinantes constituidos de materias grasas de origen animal para fabricar diferentes tipos de composiciones cosméticas con texturas y colores variados.
En el Antiguo Egipto los cosméticos los empleaban tanto hombres como mujeres y niños, con independencia de su clase social. Esta maestría descubierta en diferentes investigaciones permite comprender mejor los múltiples usos del maquillaje de aquella época, tal como se ilustra en textos antiguos, la estatuaria (tipo de escultura que representa la forma humana y expresa las concepciones suprasensibles del hombre) y la pintura: embellecimiento, culto divino, medicina, etc.
Para ello, contaban con una gran cantidad de accesorios como tarros de maquillaje, espejos, peines, aplicadores, horquillas…
El papiro del médico Ebers da la receta para un exfoliante a base de polvo de alabastro, sal del Bajo Egipto y miel y para una crema contra las arrugas compuesta por incienso, cera, aceite de moringa y ciprés.
En la tumba de la reina de los sumerios Shub-Ad , 5000 años antes de Cristo, se encontraron numerosos utensilios de belleza y tablillas que describen antiguas fórmulas para preparar ungüentos y aceites. Así se han conservado 49 tarros en el Departamento de Antigüedades Egipcias del Museo del Louvre donde han sido objeto de exhaustivos estudios.
Los egipcios poseían un verdadero dominio de la cosmética. De esta manera, los pigmentos naturales y los productos sintetizados se mezclaban con aglutinantes constituidos de materias grasas de origen animal para fabricar diferentes tipos de composiciones cosméticas con texturas y colores variados.
En el Antiguo Egipto los cosméticos los empleaban tanto hombres como mujeres y niños, con independencia de su clase social. Esta maestría descubierta en diferentes investigaciones permite comprender mejor los múltiples usos del maquillaje de aquella época.
Fabricaban así mismo cantidad de compuestos. Para los perfumes recolectaban una extensa variedad de flores que posteriormente maceraban en aceites grasos de origen vegetal para poder extraer las esencias.
El óxido de hierro, el antimonio, la galena o la malaquita, tras ser pulverizados, se mezclaban con agua para obtener una pasta que se aplicaban por el cuerpo. Con la mirra, el incienso y el terebinto hacían pomadas perfumadas.
Los elementos que más utilizaban eran la leche de burra y la miel para suavizar la piel, el kohol (sulfuro de antimonio) para resaltar el contorno de los ojos y como protector de los rayos del sol.
Para ello, contaban con una gran cantidad de accesorios como tarros de maquillaje, espejos, peines, aplicadores, horquillas…
El predominio de la galena en las materias analizadas por los investigadores se confirma por la presencia del maquillaje negro en la lista de ofrendas funerarias a partir de la época de kéops (Subió al trono en el año 2389 a.C., siendo el segundo faraón de la Cuarta Dinastía, que gobernó durante veinticuatro años, del Imperio Menfita). El negro se describe por el término mesdemet que, aplicado al ojo significaría “Hacer hablar los ojos, hacerlos expresivos” o “Pintar los ojos”.
En las tumbas, al lado de los sarcófagos, se encontraron bolsas de galena triturada. Los muertos se llevaban sus materias primas para su vida en el más allá.
También crearon los primeros destellos para embellecer el ojo, para lo cual trituraban en un mortero los caparazones iridiscentes de ciertos escarabajos hasta obtener un polvo grueso que mezclaban con las sombras. El sombreado verde, uno de los favoritos, se obtenía a partir de malaquita en polvo que se aplicaba densamente a los párpados superiores e inferiores.
El henna fue utilizado para dar al pelo un rojo brillante. Muchas egipcias se afeitaban las cejas y se aplicaban otras postizas. La reina Nefertiti se pintaba las uñas de las manos y de los pies de un rojo rubí, y Cleopatra era partidaria de un rojo oscuro de óxido.
A las mujeres de rango inferior sólo se les permitía tonalidades pálidas.
Las egipcias iniciaron la moda de pintarse los labios con un tinte hecho de ocre rojo y óxido de hierro natural que extendían con un cepillo o un palito.
También se teñían los dedos de las manos y de los pies con alheña para conseguir una coloración anaranjada rojiza, y acentuaban con una tonalidad azul las venas de sus senos y daban un toque dorado a sus pezones.
Si el embellecimiento era una preocupación diaria, el maquillaje también se asociaba con la salud de los ojos y de la piel, una relación que se confirma con los textos antiguos que relatan los rituales religiosos y los papiros médicos.
En la historia de los cosméticos, los griegos y romanos utilizaban también el ‘kohl’ para maquillar los ojos y las pestañas. Mientras que para blanquear la piel utilizaban una mezcla a base de yeso, harina de haba, tiza y albayalde (carbonato de plomo). También perfilaban las cejas y coloreaban los pómulos y labios con tonos rojizos.
Los griegos hacían mucho ejercicio físico para mantenerse en forma. También para ellos era importante el aseo diario. También se depilaban el cuerpo. Se teñían el cabello. Las mujeres lucían una melena larga y rizada. Blanqueaban su piel ingeriendo comino y aplicándose Cerus y Albalde. Pintaban los ojos, labios y mejillas. Los hombres se rizaban el pelo y la barba.
Si bien, los griegos eran partidarios de la naturalidad en el aspecto, los griegos crearon el concepto de la estética, el culto al cuerpo, los ejercicios físicos, los masajes, y los baños. En uno de sus libros, Apolonio de Herofila explica que “en Atenas no había mujeres viejas ni feas”. Con las conquistas de Alejandro Magno llega a Grecia el maquillaje que es usado, fundamentalmente por las cortesanas.
Éstas se coloreaban la cara, se espolvoreaban de oro, blanco y rojo, teñían las cejas y prolongaban sus pestañas y marcaban el contorno de sus ojos. También se aromatizaban el aliento llevando en la boca líquidos o aceites balsámicos y removiéndolos con la lengua y escupiéndolos discretamente en el momento oportuno. Las cortesanas griegas tenían preferencia por los cabellos rubios que denotaban una categoría social superior y un atractivo sexual; conseguían el tono mediante la aplicación de una pomada a base de pétalos de flores amarillas, polen y sales de potasio, perfumada con manzana. A la mayoría de los grandes héroes griegos, Aquiles, Menelao y Paris se les describe como poseedores de rizos de color claro, y los que no eran rubios naturales usaban jabones y lejías alcalinas procedentes de Fenicia. Para un teñido temporal, se espolvoreaban con una mezcla de polen amarillo, harina amarilla y polvillo de oro
En la historia de los cosméticos, las mujeres romanas dedicaban muchas horas a su cuidado corporal tomaban baños y se daban masajes. Teñían sus cabellos rubios, lucían elaborados peinados que adornaban. Maquillajaban su rostro de color blanco, sus ojos azules, y los labios y mejillas rojos. También fabricaban pestañas postizas con seda o pelo natural. Estas labores las llevaban a cabo las esclavas.
A partir de la mitad del siglo I a.C. los soldados regresaban de sus misiones en Oriente cargados de perfumes indios y cosméticos y ello hacía que los hombres y mujeres se excedieran en el uso de cosméticos. Los romanos utilizaron kohl para oscurecer los párpados, colorete, elementos depilatorios y piedra pómez para limpiar los dientes. La piel se blanqueaba con una mezcla hecha a base de yeso, harina de habas, tiza y albayalde (carbonato cálcico de plomo); las pestañas se ennegrecían utilizando una mezcla de huevos de hormigas y moscas machacadas.
Cuando las romanas vieron a las cautivas rubias que trajo Julio César de las Galias las quisieron imitar empleando un compuesto de sebo de cabra y ceniza de haya. Por el contrario, los hombres de alto rango social y político optaban por los cabellos oscuros e incluso negros. Plinio el Joven, el naturalista del siglo I, escribió sobre la importancia de los tintes oscuros para el pelo uno de los cuales se obtenía hirviendo cáscaras de castaña y puerros.
Para evitar las primeras canas, se aconsejaba a los hombres que preparasen una pasta que debían aplicarse por la noche a base de hierbas y lombrices de tierra. El remedio romano contra la calvicie consistía en un ungüento de arándanos triturados, con grasa de oso.
El maquillaje y el adorno ha sido un elemento fundamental tanto para las mujeres como para los hombres desde la prehistoria, aunque sus técnicas y significados hayan ido cambiando a lo largo del tiempo. La Edad Media, por tanto, no va a ser una excepción.
Para hablar del maquillaje primero tenemos que hablar del ideal de belleza que imperaba en la Europa medieval, el cual está presente de forma muy clara en la literatura que se inclina hacia la temática del amor cortés. Se abandona el aspecto más “recargado” de sus predecesoras romanas para buscar un look que se relaciona directamente con la imagen de la mujer más perfecta: la Virgen. La mujer ideal tenía que tener la piel pálida, el cabello rubio (preferiblemente liso o ligeramente ondulado), las mejillas y los labios rojos, y las cejas negras. Una imagen sencilla pero, como veremos, no tan fácil de conseguir.
La doctrina cristiana medieval va a tener una visión muy negativa, tanto del maquillaje como de cualquier adorno personal (peinado, joyería, etc.), en primer lugar como método de ruptura con la estética romana anterior, y en segundo como método de defensa de la modestia tanto femenina como masculina.
El cuerpo habría sido creado perfecto al estar hecho a imagen y semejanza de dios, de modo que no seria necesario modificarlo ni añadirle nada.
El maquillaje va a tener, además, una relación directa con varios pecados, no sólo con la soberbia sino también con la lujuria (se entendía que las mujeres se maquillaban exclusivamente para atraer a los hombres. Y por eso en muchas ocasiones se relaciona de forma directa con la prostitución) y la mentira en general, ya que se presenta una visión del propio cuerpo que no se corresponde con la realidad (y que niega también la idea de que el cuerpo humano es algo perecedero y que lo realmente importante es la consecución de la vida eterna).
Sí se permitía el maquillaje y el adorno, sin embargo, en momentos muy determinados. Una mujer podía arreglarse para atraer a un hombre si sólo lo hacía con intención de desposarse y sólo buscaba la atención de un hombre en concreto.
También solían ser más permisivos cuando se trataba de acudir a una celebración (una boda, una justa) o de un día de fiesta, aunque en general casi todos los autores hacen hincapié en que no hay mejor adorno que llevar una vida elevada.
Dijera lo que dijese la Iglesia, sin embargo, el maquillaje se seguía utilizando. Perfumes y aceites eran de uso común para mujeres y hombres de muy distintos estratos sociales, ya que en la Europa occidental el baño no estaba tan asentado como en el mundo árabe.
Para conseguir la imagen divina, las mujeres recurrían en muchas ocasiones a métodos para blanquear la piel (aunque no de un modo tan extremo como en épocas posteriores) que eliminaban también las posibles imperfecciones: el zumo de fresas o frotarse el rostro con un cristal de amatista húmedo eran los remedios más comunes para eliminar las rojeces.
Recetas del siglo doce nos hablan de una mezcla de raíces de lila, aunque el ingrediente por excelencia era la harina de trigo, que tras dejarse en remojo durante quince días formaba un polvo que se aplicaba en el rostro del mismo modo que hoy en día utilizamos el maquillaje en polvo. Ya a finales del periodo medieval se empiezan a añadir a la mezcla otros materiales que ofrecían un mejor resultado, pero que también resultaban sumamente tóxicos, como el arsénico.
Para los labios y las mejillas se utilizaban polvos rojos, que podían extraerse incluso del vino, mezclados con cera de abeja u otro tipo de bálsamo. El cabello va a tender también a un color rojizo, ya que los tintes de origen vegetal que se utilizaban dejaban ese tipo de tono en las usuarias. Además, tenemos noticias del uso de pinturas negras en el rabillo del ojo, una suerte de eyeliner que se critica en diversos textos religiosos.
Sin embargo, no eran sólo las mujeres las que modificaban su apariencia, aunque el pecado se les achaque (como solía pasar) sólo a ellas. El maquillaje en los hombres solía tener la función de mantener una imagen de juventud y virilidad, de modo que buscaban frecuentes remedios para la calvicie y se teñían el cabello para disimular las canas.
Si el cuerpo era perfecto, ¿podía considerarse la fealdad una enfermedad? Medicina y cosmética van a ir de la mano desde los tiempos de Galeno y, aunque en la Edad Media no deja de haber controversia al respecto, parece evidente que tener mejor aspecto era un claro indicio de un cuerpo saludable, y que en el ámbito médico se van a estudiar métodos de dar un color más agradable al rostro o como evitar la tan temida calvicie.
Aunque también habrá momentos en los que sucederá completamente lo contrario: al final del periodo medieval, y de forma bastante recurrente desde entonces, la cosmética se usará para fingir padecer una enfermedad que en realidad no se tiene, y conseguir así permiso para mendigar y dar mayor lástima a los posibles benefactores y benefactoras. La enfermedad favorita de estos maestros del maquillaje va a ser, por supuesto, la lepra
El Renacimiento es uno de los grandes momentos de la historia universal que marcó el paso del mundo medieval al mundo moderno.
La concepción de belleza en el Renacimiento se fundamenta, básicamente, en una armonía de proporciones. Se sigue defendiendo la idea de belleza según la cultura de la antigua Grecia.
El ideal de belleza de las mujeres nobles renacentistas consistía en tener un cuerpo de formas muy curvadas, la frente alta y despejada, sin apenas cejas y la piel blanquecina.
A finales del siglo XVI se publican libros y tratados de belleza con recetas de cosmética y escritos para corregir defectos del cuerpo.
La misma Catalina de Medicis se interesó por todo lo referente a la estética y dedicó parte de su tiempo al estudio de ungüentos y combinaciones de cremas para conseguir una piel bella y cuidada.
El cuidado de la piel fue prioritario, sobre todo lograr un aspecto sumamente blanquecino. Sin embargo, la higiene era descuidada y la cosmética solía utilizarse para cubrir malos olores y suciedad.
En el siglo XVI los monjes de Santa María Novella crean el primer laboratorio de productos cosméticos y medicinales.
Existía una obsesión por el maquillaje y los perfumes. Al igual que la mujer, el hombre también se maquillaba y buscaba dar a su aspecto cierto toque afeminado.
En cuanto al cabello, los peinados eran monumentales. A finales del siglo XVII los hombres empiezan a utilizar pelucas y las mujeres postizos y tocados de gran tamaño. El pelo iba retirado de la cara y se llevaba con tirabuzones y rizos. Toda esta moda viene impuesta por la corte, especialmente la francesa, quien convierte este siglo en la Edad de Oro de la cosmética.
A partir del siglo XVII comienza la explosión de colores. La extravagancia de la corte llevaba a hombre y mujeres a empolvar su rostro con polvo de arroz o harina. A este tono blanquecino se le sumaba un fuerte colorete rojo y colores en los párpados. Los labios se pintaban también de rojo y con forma de corazón.
A mediados del siglo XIX el maquillaje se empieza a asociar con prostitutas y actrices. Las mujeres debían proteger con sombreros o sombrillas su rostro del sol, para mantener la piel blanca de manera natural. Se utilizaban productos naturales para conseguirlo, como la avena, la yema de huevo o el agua de rosas. Las mujeres pellizcaban sus mejillas para darle un toque rojizo al rostro.
A principios del siglo XX la tendencia del maquillaje era casi parecer enfermo, acentuando las ojeras, mejillas rosadas y labios carmesí.
Pero con la explosión del cine, con los maquillajes y peinados que lucían las estrellas, vuelve a revolucionarse el sector. La industria cosmética distribuye en el mundo entero multitud de productos y colores para seguir las tendencias.
Marcas como Yves Roches, Lancome o Max Factor, entre otras muchas, hacen que el maquillaje ya no sea sólo de una clase social. Se individualiza el maquillaje. Siguiendo la pauta de la moda, deja libertad absoluta para cada persona y cada ocasión.
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